lunes, 8 de diciembre de 2008

Duda terrible, Muerte virtual

Tímido como tantas otras veces la observaba agazapado entre aquél par de montones de libros que me protegían como dos almenas de los mortales flechazos que inconsciente buscaba. Un castillo que deseaba demoler, poder entregar mi voluntad a semejante asedio imaginario.

Miraba, concentraba mis retinas sobre aquellos párrafos, verdaderos almacenes de historias adictivas para alguien como yo, pero no podía lograr que ningún nervio óptico, visual, táctil lo consiguiera; el mero sonido del roce de su abrigo sobre el jersey oscuro me producía el total desconcierto del huracán que asoma sobre la orilla en pleno Trópico.


Mi atribulado pensamiento, revolucionado como un disco duro en plena actividad laboral, giraba, volteaba, sufría, dudaba mientras enviaba preguntas a mi conocimiento, quería saber si ella se daba cuenta de aquella situación, de aquel sufrir en silencio, si le causaría risa por tal estado de tormento divino producto de una pasión en una dirección, pero que su intelecto percibía en un solo sentido. Pasión imaginada en mi propia ensoñación, pasión secreta que a gritos de puro silencio no lograba hacerse oír.


Me decido, elevo la mirada sobre aquellas dos almenas de viejo papel gastado por manos y ojos anónimos que los devoraron durante años y que no eran conscientes de su militar cometido actual ante aquella débil incursión visual sobre el deseado contrincante. De un golpe seco caen mis ojos tocados de otra herida mortal, abatidos como el corazón que los mantiene vivos; ese tipo de abatimiento que hace a un corazón que, en vez de detenerse, palpite con la pura frecuencia de resonancia a punto de hacerlo estallar. Fue un rayo disparado desde su mirada serena, azul como los mares de mi propia imaginación batiendo los blandos acantilados de esta piel sin valor alguno ante su mayestática presencia.

Se acerca. Un beso, casto, en la mejilla, un adiós. Yo herido en aquel combate. ¿Y ella no?

2 comentarios:

AMAPOLA dijo...

Este blog me va a hacer asidua lectora. Precioso.

Armida Leticia dijo...

Palabras, imágenes y música, todo bello, aquí se goza, se disfruta.

Desde México, un saludo.