viernes, 26 de diciembre de 2008

Los viejos abrazos

Azota recio, golpea vibrante el temporal de viento y mar.
Tenebrosa, la lluvia azota ciega como cortina del mal
ocultando nubarrones que ciegos acuden sin piedad
de la mano de truenos y rayos como timbales y fogonazos
que aturden las voces de este pequeño mortal.



Minúscula gota, trémula y temerosa del ancho Mar
masa y cúmulo de sus vencidas hermanas en el viejo andar,
abandonadas en la fútil determinación que dicta la terrible inercia
poderosa señora que domina en su fuerza de absoluta impiedad.
Golpea el viento, agujas líquidas se clavan en el cristal,
recibo los golpes sin verdadera respuesta cabal
ante la vida soberbia, sabedora de su furia mortal.

Palpita el corazón, bombea sangre, arde al final,
mi gota que hierve, ya es vapor de verdad.
Asciende, me sube tras la nube donde brilla sin maldad
un sol que reina, que gobierna el reto del ser, la verdad del estar,
sin más sonríe y asciendo, me alejo del mal.
Viejas nubes que aturdían, ahora húmedos hisopos son sin más
una sonrisa que nace, una chispa que brota y la nube arde.
Maldita lluvia que huye, cobarde el viento que se inmola.
Rayos alumbran sobre las vencidas hermanas que son recibidas
en mi reino donde eternos perviven ya listos los viejos abrazos,
los que a todos reciben desde una rada oculta entre alguno de los siete mares.


Yo, el Rey de las Islas Escindidas

No hay comentarios: