jueves, 5 de febrero de 2009

A mi vieja Dueña

Reina mía, emperatriz tras esa barra de bar
donde se destilan sabores de humo, trabajo y sal
que inconscientes arrastramos tus hombres desde la misma mar
para que esos tus labios jamás pierdan su sabor a sal.




Retorno de sueños teñidos por una joven ilusión
cuando la mar sólo era golpe rudo sobre agreste roca,
cuando tu mirada se perdía entre los viejos relatos del gran Alejandro,
rudo corazón tras un ancla que sin éxito otro viejo reloj ocultaba.

Vuelven tus besos, sirena libre de la vieja mar
eterno sueño de todo argonauta que de tal se precie.
Retornan miradas mientras rota, crepita la blanca espuma
por la proa de un sueño sin fecha ni muerte que anunciar.

Rociones barloventean rebeldes al furioso viento
muriendo entre tus labios cuando desbaratados en mil gotas te tocan.
Gritas y tiembla el viento. Colmados tus labios de sabor a sal
los espero sin otra contención que la de la vieja Leyenda,
La del sapo que aguardó el beso de la princesa de la vieja y salada mar.

1 comentario:

Armida Leticia dijo...

¡Bella entrada, hermosas palabras! Besaría mil sapos, si supiera que entre todos ellos, se encuentra un príncipe!

Saludos desde México.