sábado, 6 de marzo de 2010

No queda sino batirnos

¡Maldito seáis destino aciago que asi me tengáis!

Vos no sois mas que quien os hizo que así os pese fui yo

por nacer vivo y con ganas de tal verbo en aguas romper.




Maldita sea la negra bola que viejos corsarios de muerte

traen sin otra maldad que su propia verdad

por batallar contra la cruda realidad resistente

sitiada, aferrada y maniatada.

Pero firme desde el viejo fuerte

que por su vida no caerá sin antes dar paso a la muerte.



Maldigo vuestras condiciones míseras por linsonjeras

pues la Verdad, con su aliada la real Voluntad habrán de triunfar.

Aunque la pica en coste y servicio

sea tan grande como la vieja hermana puesta en Flandes.




No haréis de mi, jodido Destino, un viejo héroe abatido,

vive el cielo que antes del motín sin bandera

pierdo en la contienda la vida entera,

Que siendo en buena lid, buen combate presento

mas a traición la vida contra la que mi pecho se plante

No será ya más que un viejo lamento.



Muerte sin vida es la propia vida de la muerte.

Vacío sereno y sin otro camino que el viejo pozo

amargo por el arrojo de mil piedras

ahítas por demandar tantos deseos conscientes

seco lo ha dejado, atrapado en su fútil deseo de ser gratuito gozo.

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Quizás batirse a duelo con la vida misma para renacer o para morir en el intento.
Profundo, metafísico y bello es lo que esbribes.
Felicitaciones.
Alicia