domingo, 28 de noviembre de 2010

Veintiocho

Numero mágico, cifra letal,

de estelas vencidas por vientos humanos

soplando exultantes al sentirlos cercanos.

Explosión incierta de futuros presagios

por cumplirse sin aún apenas comenzar

sobre el rumbo tomado por fin sin artificio e instrumento

desconcertado por el cambio en insistente lamento.



“Bigotes” de espuma brotando enhiestos sobre roda rasgando la vida

como perenne tela de agua y sal pendiente siempre de dibujar

desde esta nave partiendo aguas a boga de combate sin deseo de ciar

por mas que negros barros baldíos osen frenar su andar.

Orgullosa la amura refleja mil destellos de la luna en cada gota

impelida desde el interior ya sin esa cadena como verdad que agarrota

reduciendo a pecio sin el oportuno gesto que a cualquiera honra

de ser hundido tras combate a pecho  sin deshonra.



No hay ya estelas a las que reprochar

tan solo recaladas donde poder recordar

la geografía de sus sonrisas,

ocultas por humos entre pieles sentidas

cargadas del deseo por luces y su incierto alumbrar.



28 es el número,

no lleva hora ni conoce su Destino

mas su bandera ya flamea

para siempre en mi nave soberana

sin otro dictado que el de su alma aun espartana

ensanchando de cuadernas a cuadernales antes contritos,

ahora verdaderos espacios de luz y sueños ahítos.



Viejos momentos, nuevos proyectos

maravillosos por sentirlos.

Vividos los unos

por vivir los otros.



Gracias por haberlos hecho,

olvidados quedan los que no llegaron.

Mar avante, sin perder un instante

sin olvidar que dos fuimos y en uno nos convertimos

que navegamos porfiando malos mares y recios temporales

para dos volver a ser

que con la misma pasión habrá que ver

lo que devengue quien rige los destinos desde el mismo nacer.



Buena mar tengas allá donde el viento de tu corazón te lleve

Buena mar me lleve a mí,

¿Dónde?

Donde el viento desee, delante del Destino, por siempre.


El paso ya está dado



1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

28, una fecha, un número, un encuentro y quizás un desconsuelo por lo que te leo.
Que todo sea para bien, nada es porque sí.
Te dejo un abrazo.
Alicia