viernes, 11 de marzo de 2011

Deja...


Deja que la lluvia te acaricie y se pegue  como pura miel
mientras vuelan los deseos sobre mares y eternas naves
cargadas de sueños entre vaivenes y golpes de ola
impulsadas por el viento del deseo tatuado en mi alma
 cosido sobre las velas que arropan tu piel.


Deja que la lluvia te acaricie mientras te beso sin saberlo
sobre el rocio que cubre tu espalda y su tacto,
mientras leo en tus ojos que sientes lo que vives
como vives lo que sientes y suave te vuelves
con el valor de quien cruza la mar sin guías ni destino
sin otro equipaje que  tu mirada de coraje
  llevando  la mía  sobre tu camino convencida.

Paseos sobre miradas sin nostalgias
salteados entre islas abandonadas,
recogidas  y salvadas en los siete mares
que se dibujan en el cristal de tus ojos brillantes.
Islas perdidas sin encontrase en el vacío vivido
por sentirlo  ya viejo  y aburrido
frente al grito del sol en un marzo sin tiempo
bajo el que esconderse del invierno ya derrotado
sin siquiera él mismo saberlo
oculto entre nubes tristes en su  escasa viveza.

Islas al fin encontradas a  la vera del valor,
enfrentadas al olvido de la luz apagada
frente al  muelle donde encontrarte
mientras navega la nave de mis sueños
esperando ese faro de los siete mares
 que brille a cada impulso   del corazón
 mientras se enciende en cada beso sin compasión.

Guiando sin miedo,
 arribando a la rada
del puerto donde la vida se hace abrigada,
te buscan intensos mis ojos a los tuyos
a veces nublados por tormentas de olvido,
 a veces brillantes como rayos.
Pero siempre dispuestos
como el viento,
viejo hermano, cómplice de mis deseos.




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