lunes, 18 de abril de 2011

Tu misterio




Azul es el cielo intenso que me inunda
tras un imberbe rojo amanecer sin trabas,
presuntuoso, mostrando la pasión sin espinas
de quien se ve  con  el día eterno por besar.

Nordeste  frío como ladrón de nubes sin ti
a la deriva   sin destino por esperar sin tener
anclado mi alma  en la nada que es el océano sin tu piel
sobre la que navegar a golpe de caricia como guía.





Nordeste,  al que sin perder por tu aliento cambiaría,
en el que sentirme  impulsado hasta el final de este día,
con el que saberme firme como cauce de rio de verdad
abriendo mares  de pasión sobre la roda de esta nave de soledad.

Vives como  la nube que veo pasar sin  detener sus alas
sobre esta colina humilde, ansiosa por beber de tu agua,
perdida en el desierto de lo falso por parecer verdadero,
reseca y marchita que por tu presencia desde su corazón grita.

¿Será quizá tu risa la que  me diga que  alcanzas a este mortal
antes de que el ancestral viento gregal te lleve  sin siquiera mirar?
No lo se, mientras  la lluvia de tu corazón es lo que deseo sentir
sobre la reseca piel de esta colina que pervive por el ansia de resurgir
en los brazos de vos, mi señora, vestida de nube con la pura esencia
que es poder sentir sin el miedo a tal cosa compartir.  


sábado, 9 de abril de 2011

Vieja Roca



Vieja roca clavada entre mares
donde esperas   sin contar los minutos
sola, como tantos deseos frustrados
por perdidos nunca de ellos renunciados
aunque en verdad   a sus designios  sometidos.



Vieja rada con  su roca  centrada
a la que esperan mis sueños abrazar
por tanto que me planteas recordar.
Aspiraciones, ilusiones,
nuevos y viejos corazones
reunidos con el ansia de vivir sin límites
mientras la que siempre  permanece
te observa mientras con el viento se crece.

Dos almas en   alza que  perderán tu roca,
que no  alcanzarán los besos de tus olas
por quedar  sin siquiera de ella tal cosa a saber
como eterna penitencia que obliga la vieja conciencia
por no dañar, por su ánimo no alterar, por no transformar
en lluvia empapadora sobre las fábricas de  su corazón.

Vieja amiga con la que abrir caminos
con más de veinte soles en sus gemelas órbitas
sin siquiera nunca un desprecio contra mí.
Tú y yo, yo y tú, así haremos a los caminos temblar
como antaño, como  si fuera nuestro primer año.


Desde  el fuerte de San Diego, donde observar la mar,
quizá allí  el recuerdo sea capaz de desclavar
lo que  casi  secó sin  clemencia la mar.
Soles que sueño sentir,
vientos a los que ella y yo trataremos de combatir
sin otra razón que  el puro acto de vivir
por el corazón entre pálpitos,
por la  pasión entre  mares y vientos,
por el tacto duro de su verdad
y la fuerza de la rabia  por  sentir su lealtad
Siempre allí, nunca detrás.
Siempre avante,
siempre caminante,
siempre adelante.