sábado, 24 de septiembre de 2011

Rumbo y derrota.





Destinos inciertos los que trae
el viento sempiterno de la vida en crudo
cuando zarpas sin remolque ni ayuda
a la mar abierta en opciones sin límite ni freno.

Retos, inventos, dolores, lamentos.
Triunfos tras el fuego,
heridas a lumbre del alma
por andanadas sin acierto
 que desgarran las cuadernas del cuerpo
alcanzando, dañando sin trabas
 hasta que doblas el cabo de las dudas
para ganar los vientos de tu propia soledad.

Donde sepas de tu propio mando,
donde nadie sea quien lo profane,
donde el sufrir se una al golpe de poder reír
por poder tocar la felicidad sin saberlo de verdad.

Tuyo será el mando cuando así cambies
 al fin el nombre de tu barco
de la maroma sobre el remolque
largada sin retorno
para pintar en su popa
la “S” erguida de tu escogida Soledad.



Para quien tome el rumbo, sea cual sea la derrota a enfilar.

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