Navegamos aproados al viento que detiene tozudo el andar
tensas las escotas, largado el trapo por cazar algún nudo más.
¡Maldito viento! hijo de la tozuda realidad que al grito de todo atrás
nos detienes sin descubrir la causa de tu origen, el por qué de tu soplar.

El viejo comandante apoyado observa su tripulación luchando sin parar
entre gritos y órdenes con sentido que chocan con la verdadera explicación
desconocida a quien nada quiere ver, salvo la que le dicta su razón.
Mientras, él mantiene la calma pues sólo él sabe que queda esperar.
Viejos dioses de mares ignotos en su nacimiento
¡dadme la clave que ya manifestasteis al viejo capitán
para que así mi alma navegue serena contra marea y viento!
Viejos dioses os demando desde mi imberbe soberbia:
¡hacedme viejo para olvidar este escaso andar
que es empujar con fe sin resulta, para así sin ella terminar!

Eres sabio, pero no eres viejo.
ResponderEliminarLos dioses escucharon tus ruegos.
Abrazos.
Gracias por este post.
Alicia