Expreso de vieja primavera siempre nueva
como el ojala de la nieve en retirada
que funde sus estrellas en triste agua helada
arrastrando el sedimento insoluble del recuerdo sin habla.
Andén vivo que palpita en la espera
mientras su vida no alcanza entre presentes
gritando ausente recordando el olvido encontrado,
dejando lenta a la paz guerreando por lograr ser la dueña
de las inciertas almas, moribundas por saberse eternas.
Expreso cargado de ilusión como aquella primavera
tan joven como la soledad reencontrada sobre un viejo jardín,
piafando majestuoso como metálico caballo detuviste tu andar
sobre el vivo andén de tu misma alma quebrada
sin luces ni señales, lejana de expresos ya superados
en nada y en todo deseados por sentirlos perdidos.
Silencio que interrumpe el vapor vivo de tu reluciente caldera
cargada de sueños y recuerdos por vivir en tu inminente cabalgar
sobre los mismos raíles vitales de la vida reencontrada,
esperando junto al andén que muere mientras sus átomos solidifican
expulsando el alma antes contrita por lo que pensaba merecer,
saltando sobre tu caldera, ardiente, quemando, silbando
sin saber por qué, sabiendo que es lo mismo si sigue él mismo.
Pura la soledad que sustenta el vivir en pura evidencia
sin otra razón mas que el nítido ver del interior
donde será sobre su adarve desde el que vigilar
el asedio eterno de las mesnadas del Destino.
Viejo tren detenido en mi pétreo andén,
no silbes, no partas, espera sin ansia ni desdén
por viejas estrellas que se conjuren sin fe.
No hay fecha, no hay lugar donde el alma detener
tan solo lo que tu ves.



Gracias por tu regreso, por ese tren que se detiene esperanzado y buscando ese viajero poeta y gran hombre.
ResponderEliminarAlicia