Retales con los que tejer
hilos de miradas que prometen sin querer
aires cargados del innato influjo de la insurrección
derribando los eslabones de una falsa aleación.
Viejo ejército de nuevo en armas alzado
por el gladiador de su propia fuerza espantado
entre propios silencios y palomas de astuto ojo de halcón
mantenedoras del artificio que bloquea su corazón.
Gregal, que arrullas esta piel
rugiendo al eterno mistral
que pugna por evitar mostrar limpio el cristal
oculto entre las viejas dudas manadoras de hiel,
¡sopla como sabes y ruge al fin como quien en verdad eres!,
como esa luz que sabes ahora ya brillante luces,
por ti misma, sin mediar otra fuente
que el valor puro y el influjo de tu mente.
Tiempo que huyes sin tretas
sobre el soplo de un gregal que te desprecia
por tener ya en su recodo al corazón que amabas
enfrentado al mundo por tus besos en pura avaricia.
Gregal salvaje,
Luz brillante,
Tiempo paciente.
Esperará el Tiempo a que tu sol se muestre,
orgulloso y brillante tras el empuje del Gregal fuerte.
Será ese el momento de la verdadera insurrección.


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...Y piensas
Que así vuelves
donde estabas al comienzo
del soliloquio: contigo
y sin nadie...