Azul es el cielo intenso que me inunda
tras un imberbe rojo amanecer sin trabas,
presuntuoso, mostrando la pasión sin espinas
de quien se ve con el día eterno por besar.
Nordeste frío como ladrón de nubes sin ti
a la deriva sin destino por esperar sin tener
anclado mi alma en la nada que es el océano sin tu piel
sobre la que navegar a golpe de caricia como guía.
Nordeste, al que sin perder por tu aliento cambiaría,
en el que sentirme impulsado hasta el final de este día,
con el que saberme firme como cauce de rio de verdad
abriendo mares de pasión sobre la roda de esta nave de soledad.
Vives como la nube que veo pasar sin detener sus alas
sobre esta colina humilde, ansiosa por beber de tu agua,
perdida en el desierto de lo falso por parecer verdadero,
reseca y marchita que por tu presencia desde su corazón grita.
¿Será quizá tu risa la que me diga que alcanzas a este mortal
antes de que el ancestral viento gregal te lleve sin siquiera mirar?
No lo se, mientras la lluvia de tu corazón es lo que deseo sentir
sobre la reseca piel de esta colina que pervive por el ansia de resurgir
en los brazos de vos, mi señora, vestida de nube con la pura esencia
que es poder sentir sin el miedo a tal cosa compartir.

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...Y piensas
Que así vuelves
donde estabas al comienzo
del soliloquio: contigo
y sin nadie...