Vieja roca clavada entre mares
donde esperas sin contar los minutos
sola, como tantos deseos frustrados
por perdidos nunca de ellos renunciados
aunque en verdad a sus designios sometidos.
Vieja rada con su roca centrada
a la que esperan mis sueños abrazar
por tanto que me planteas recordar.
Aspiraciones, ilusiones,
nuevos y viejos corazones
reunidos con el ansia de vivir sin límites
mientras la que siempre permanece
te observa mientras con el viento se crece.
Dos almas en alza que perderán tu roca,
que no alcanzarán los besos de tus olas
por quedar sin siquiera de ella tal cosa a saber
como eterna penitencia que obliga la vieja conciencia
por no dañar, por su ánimo no alterar, por no transformar
en lluvia empapadora sobre las fábricas de su corazón.
Vieja amiga con la que abrir caminos
con más de veinte soles en sus gemelas órbitas
sin siquiera nunca un desprecio contra mí.
Tú y yo, yo y tú, así haremos a los caminos temblar
como antaño, como si fuera nuestro primer año.
Desde el fuerte de San Diego, donde observar la mar,
quizá allí el recuerdo sea capaz de desclavar
lo que casi secó sin clemencia la mar.
Soles que sueño sentir,
vientos a los que ella y yo trataremos de combatir
sin otra razón que el puro acto de vivir
por el corazón entre pálpitos,
por la pasión entre mares y vientos,
por el tacto duro de su verdad
y la fuerza de la rabia por sentir su lealtad
Siempre allí, nunca detrás.
Siempre avante,
siempre caminante,
siempre adelante.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
...Y piensas
Que así vuelves
donde estabas al comienzo
del soliloquio: contigo
y sin nadie...