Malditos vendavales tratando de parecer reales
sobre el aparejo por engolfar en él velas y banderas,
esperando sin esperar que tensando escotas
la mar en espuma de sonrisas batee la roda y el tajamar.
Pero solo eso son, vendavales,
no de la rosa verdaderos vientos,
húmedos de mar cargada en su soplar,
fieros por llevar su fuerza sobre mares
por escasos en empuje adocenados,
esperando de su propio ser
la espuma perdida por no saber
cómo batirse, cómo derrotar el duelo
donde el desánimo campa y anida en su mal.
Malditos sean los vendavales engreídos por creer
poder desarbolar el alma cuando tras de sí nada hay.
Vendavales sin mar a quien pretenden
elevarla de furia a tempestad.
Malditos, malditos seáis mientras tratáis
mi aparejo y velamen desarbolar
sin que la traza del destino
clavado entre vuestros fútiles embates
seáis capaz de abordar
cuchillo en boca, pistolón al cinto
vomitando viento verdadero desde vuestra boca,
hundiéndose como tales vendavales,
ganando vuestros propios avales.
Sin dejar nada al mediocre ni al trasluz
dando galón verdadero a la aguja imantada
vieja sabedora de rumbos y demoras
donde la mar enfrente sabrá sobre la proa romper
porque se mueve, porque navega sin medida
pues será ya viento verdadero
lo que impulsen velas, aparejo y alma.
Cuando la mar de la vida arrecia, al igual que en calma mas chica
es tu corazón como verdadera nave quien te queda,
no hay nadie más


Hola Josu.
ResponderEliminar¿Qué anda pasando por tu alma?
De vendaval en vendaval
Vamos a buscar el sol otra vez.
Dí que sí.
Lo mejor está por venir.
Alicia